domingo, 28 de febrero de 2010
viernes, 26 de febrero de 2010
Indignación
Porque la historia no es el telón de fondo... ¡la historia es el escenario! ¡Y vosotros estáis en el escenario!
sábado, 20 de febrero de 2010
Redescubriendo la noche
Hay días que la noche madrileña se convierte en una canción de Sabina más fácilmente de lo que uno espera. Por otro lado, pocas cosas puede haber más sabinianas que la noche de Madrid.
Y nos vemos cerrando bares y habitando buhardillas.
Encerrado entre una conversación inesperada y una mujer desconocida.
Y al despertarnos ya avanzada la mañana del sábado, un nombre y un número de teléfono apuntado con bolígrafo en la mano nos recuerda los sabores de la última noche.
viernes, 12 de febrero de 2010
La palabra
...Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabras... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció... Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trnsmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras.
Pablo Neruda
domingo, 17 de enero de 2010
Formas de explicar
Un escenario vacío y a medio iluminar. ¿Vacío? No. Puede olerse que en ese lugar ha pasado algo o mejor dicho, que en ese lugar va a pasar algo. Una silla. Una mesa. Una cama. Algo de ropa esparcida por la habitación. Podemos observarla todo lo el tiempo que queramos, pero nuestra mirada no puede detenerse en ningún lugar en concreto, sino navegar entre las cosas para intentar escuchar todo aquello que esos objetos dirían si pudiesen hablar y que nos están contando con su sola presencia. Pero no ocurre nada todavía (¿o sí?)
El ambiente se relaja (los violines continúan con la melodía mientras aprovechas para descansar). Ahora empiezas a acompañar a esos violines dialogando con ellos.
Y entonces entras lentamente en escena. Una mujer. Sola. Sin movimientos bruscos. Pero sólo con su caminar eres capaz de sentir todo el drama que lleva por dentro. La luz comienza a debilitarse mientras un único punto fijo sigue los pasos de la mujer. Que cae tendida en la cama como si hubiese muerto de dolor tras la tragedia.
No.
No estoy hablando de teatro.
Esto es una clase de cello.
No estoy hablando de teatro.
Esto es una clase de cello.
lunes, 11 de enero de 2010
Nieve
No sé si es por la nieve o por el reflejo de las farolas sobre ella que imprime una atmósfera como anaranjada a las calles y edificios.
No sé si es porque es de noche y no tengo sueño o porque hoy escucho el silencio de otra manera.
No sé si algo ha cambiado o todo sigue igual.
Ni siquiera sé si al asomarme por la ventana estoy viendo la misma ciudad de siempre o si Madrid se ha vestido de gala esta noche.
...un largo vestido blanco que se deshacía entre el calor de mis manos...
"El silencio de la nieve (...)
Si hubiera sido el principio de un poema, habría llamado a lo que sentía en su interior el silencio de la nieve".
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