jueves, 3 de septiembre de 2009

De doses y treses


El mundo continúa fiel a su rumbo
y sigue girando sin parar, de tal forma que podemos sentarnos en un banco o en el césped, de noche o de día, al sol o a la sombra (aunque tal vez mejor a la sombra en estos últimos coletazos de calor estival), y detenernos por una vez a observar cómo el mundo mantiene su calmado pero constante movimiento sin importarle si nosotros estamos de acuerdo con su eterna cadencia, si estamos de pie o sentados, o si queremos seguir caminando o necesitamos descansar.
Tal vez sea allí sentados donde nos demos cuenta de que el mundo lleva girando mucho tiempo. Lo hemos ido notando poco a poco... Al principio sólo fueron los columpios del parque de enfrente de casa, tal vez los antiguos necesitaran una capa de pintura, pero aquellos eran los columpios en los que pasé parte de mi infancia, aquellos eran MIS columpios... los de ahora son columpios que no me pertenecen, son columpios de otros, ni siquiera recuerdo si he llegado a tocarlos...
No sé que vino después. Puede que cerraran la papelería de enfrente del colegio. Tantas mañanas, mediodías y tardes amontonados en aquella pequeña tienda, luchando por conseguir el último ejemplar de un libro, un compás, papel charol o pegamento de barra. Cuando necesito comprar algo en una papelería pienso instantáneamente en ir allí, pero son reflejos de otros tiempos. No sé ni lo que hay ahora mismo en ese lugar, detrás de aquellas escaleritas para mí siempre habrá una papelería.
Y el mundo siguió girando y cambiaron las tiendas de sitio, panderías y farmaceúticos,evcinos, y zapaterías,.. . los pupitres se convirtieron en atriles mientras que el sonido de un violoncello me dejaba sin palabras,... al igual que Jesús también convertí el agua en vino y acabé cambiando cromos por entradas de cine, y facultades por palacios.
Sigo sentado (en el banco y en el césped). No me he movido y sin embargo yo también he cambiado. La noche ha transformado el número 2 en 3 y no me he dado ni cuenta.
Los cambios más importantes ocurren lentamente, tan lentamente que ni siquiera sabemos en qué hemos cambiado.
Al igual que el mundo, nuestra vida también se mantiene fiel a su rumbo y sigue girando sin parar, de tal forma que podemos sentarnos en un banco o en el césped, d
e noche o de día, al sol o a la sombra, y detenernos por una vez a pensar cómo nuestra vida mantiene su calmado pero constante movimiento sin importarle si nosotros estamos de acuerdo con su eterna cadencia, si estamos de pie o sentados, o si queremos seguir caminando o necesitamos descansar.


Puede que simplemente haya crecido (aunque no creo que mida más, hace ya tiempo que aquella línea que el metro pintaba sobre la pared no cambia), pero para mí es como si todos los doses se hubieran marchado en un tren del que se han bajado un puñado de treses.


(¡Qué mal suena! "3 y 3 son 6, 6 y 3 son 9, 9 y 3 son 12 y 12, 24")

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