"Habíamos entrado en la inmensa llanura de Serengeti, la más grande concentración de animales salvajes. Mirásemos por donde mirásemos, por todas partes aparecían nutridas manadas de cebras, antílopes, búfalos, jirafas... Y todas estas bestias se pasan la vida paciendo, correteando, brincando y galopando. Unos cuantos leones permanecían inmóviles al borde de la carretera, algo más lejos se veía una manada de elefantes y mucho más alejado, casi en la línea del horizonte, un leopardo corriendo a grandes saltos elásticos. Todo aquello parecía increíble, inverosímil. Como si uno asistiera al nacimiento del mundo, a ese momento particular en que ya existen el cielo y la tierra, cuando ya hay agua, vegetación y animales salvajes pero aún no han aparecido Adán y Eva. Y precisamente aquí se contempla ese mundo recién nacido." (...)
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lunes, 12 de octubre de 2009
"Habíamos entrado en la inmensa llanura de Serengeti, la más grande concentración de animales salvajes. Mirásemos por donde mirásemos, por todas partes aparecían nutridas manadas de cebras, antílopes, búfalos, jirafas... Y todas estas bestias se pasan la vida paciendo, correteando, brincando y galopando. Unos cuantos leones permanecían inmóviles al borde de la carretera, algo más lejos se veía una manada de elefantes y mucho más alejado, casi en la línea del horizonte, un leopardo corriendo a grandes saltos elásticos. Todo aquello parecía increíble, inverosímil. Como si uno asistiera al nacimiento del mundo, a ese momento particular en que ya existen el cielo y la tierra, cuando ya hay agua, vegetación y animales salvajes pero aún no han aparecido Adán y Eva. Y precisamente aquí se contempla ese mundo recién nacido." (...)
"En nuestro coche, aparte de dos reporteros locales y de mí, también viajan tres soldados. Han colgado sus kaláshnikov sobres sus hombros desnudos (hace mucho calor, así que se han quitado las camisas). Se llaman Onom, Semakula y Konkoti. El mayor de ellos, Onom, tiene diecisiete años. Leo a veces que en América o en Europa un niño ha disparado sobre otro niño. Que ha matado a uno de su misma edad o a un adulto. Este tipo de información suele ir acompañado de expresiones de estupefacción y espanto. Pues bien, en África los niños llevan años, muchos, mucho tiempo, matando a otros niños, y en masa. A decir verdad, las guerras contemporáneas que se libran en este continente son guerras de niños." (...)
Mi callejón 1967
"Sobre las cabezas, sobre las espaldas, bajo los hombros traen trozos de hojalata, de madera, de contrachapado, de plástico, de cartón, de carrocerías y de cajas y lo juntan todo, lo montan, clavan y pegan, obteniendo algo intermedio entre una caseta de perro y unas cabañas cuyas paredes acaban formando un collage de chabolismo, espontáneo y archiabigarrado. Para tener sobre qué dormir -pues a menudo el suelo es un lodazal cenagoso a unas piedras afiladas- forran la estancia con hierba de elefante, hojas de plátanos, rafia o paja de arroz. Estos barrios, estos monstruosos papier-mâché africanos están hechos de cualquier cosa y son ellos, y no Manhattan o la Défense parisiense, la máxima creación de la imaginación, la fantasía y el ingenio humanos." (...)
Retrato de África
"En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe"
Esa es la adverte
ncia con la que el periodista polaco Ryszard Kapuscinski empieza a dibujar con palabras algo más que un continente. Describir África en su totalidad resulta imposible. Quizá sea por eso que Ébano resulta un relato incompleto (que no inacabado), una suerte de historia despedazada e inconexa, al menos sobre el papel que no en la realidad, ya que podemos llegar a respirar esas páginas que no están escritas y que sin embargo forman parte del libro. Las palabras de Kapuscinski conforman un mosaico del continente africano por el que podemos (y debemos) perdernos para descubrir el corazón del continente. Por sus páginas desfilan elefantes y guerras civiles, leyendas y enfermedades, y con ellos todo un sinfín de detalles, anécdotas e historias contagiadas de la belleza y el dolor del pasado y presente de África.
ncia con la que el periodista polaco Ryszard Kapuscinski empieza a dibujar con palabras algo más que un continente. Describir África en su totalidad resulta imposible. Quizá sea por eso que Ébano resulta un relato incompleto (que no inacabado), una suerte de historia despedazada e inconexa, al menos sobre el papel que no en la realidad, ya que podemos llegar a respirar esas páginas que no están escritas y que sin embargo forman parte del libro. Las palabras de Kapuscinski conforman un mosaico del continente africano por el que podemos (y debemos) perdernos para descubrir el corazón del continente. Por sus páginas desfilan elefantes y guerras civiles, leyendas y enfermedades, y con ellos todo un sinfín de detalles, anécdotas e historias contagiadas de la belleza y el dolor del pasado y presente de África.
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